martes, 17 de febrero de 2009

Despedida



Movió la mano, lenta, pero firme, tomó la mía, y sonrió. Dejó caer una lágrima, y otra, y me miró con esas miradas tristes pero alegres que supo dedicarme tantas veces, con un dejo de sin sabores y un todo de felicidades.
La vi otra vez, y recordé. Sentí el susurro de su aliento al respirar, y la piel suave de su mano. Recordé tantos instantes, fugaces, eternos, congelados en mi memoria. La vi perderse entre la bruma, espesa, blanca y triste del pasado.
Aquella mañana supe todo lo que había perdido y todo lo que había ganado. Cuantos momentos, como fragmentos de un cristal roto, que de pronto, se unen y toman forma, se agolparon en mi mente.

Cerró los ojos, y sonrió. Y con todo el amor que sentía, soltó mi mano y me dejó ir.

Y aunque nunca supe la verdad, ni pude borrar su mirada limpia, profunda, verde como el mar más puro, la llevo en el corazón, como un tesoro perdido, arrancado de mis manos, contra mi voluntad, pero con mi consentimiento.

Y desperté.


miércoles, 26 de noviembre de 2008

Resplandor...

Abrió los ojos y ahí estaba, la vió pasar como quien ve pasar un segundo. Fue un instante figaz en que la oscuridad se extinguió, un hermoso resplandor, el sueño que había estado esperando toda su vida. No apartó la vista del pequeño punto de luz, pero lentamente y con toda la velocidad del universo, se extinguió. Se aferró con tanta fuerza a ella, por miedo a perderla, que la impulsó a desaparecer.
Fue solo un instante, un bello instante que duró toda una vida. Y tan rápido como apareció, se fue, de pronto y por sorpresa, sin mediar aviso. Se vino abajo como un gran edificio al derrumbarse, y todo con todo su peso golpeó sus espaldas.
Toda su vida creyó que algún día, luego de tanto esperar, encontraría lo que estaba buscando. Nunca supo en realidad si fue cierto, o solo un sueño dentro de un sueño, y de otro, y de tantos otros que había tenido, y que como todos, lo habían desilucionado.
Solo, nuevamente, en su oscuro y solitario mundo, cerró los ojos otra vez, tan fuerte como pudo, y los abrió de pronto, tratando de despertar.

lunes, 3 de noviembre de 2008

No todo es lo que parece, no todo lo que parece, es.


Toda su vida había sido un inadaptado, y toda su vida se había sentido incomprendido. Autodidacta, pesimista, torpe, pero muy inteligente. Anarquista y antisocial, su apariencia poco amigable lo mantenía lejos del mundo y de las personas que tanto le molestaban. La melena negra, despeinada, sucia y siempre suelta, le daba una apariencia de rebeldía permanente, que complementaba con aquellos ojos azules e inquietos, siempre alerta, siempre tristes. La imagen la completaba aquella campera de nylon negra, manchada y desteñida y con más inviernos que la propia tierra.

Su condición de autoexcluido y su vida al margen de los esquemas, lo mantenía en una situación de comodidad aletargada. Lo mas complejo era su particular visión del mundo, como un nido atiborrado de seres desarraigados y apáticos, cuyo único fin en la vida es rodearse de la mayor cantidad de cosas innecesarias y superfluas, en pro de cumplir con un esquema absurdamente impuesto por un sistema que él despreciaba.

Todo el conjunto lo hacía un tipo muy particular, y extrañamente gracioso. Era sin duda, el ejemplo de lo políticamente incorrecto para los esquemas actuales, un ejemplar defectuoso, producto de una equivocación de la maquinaria social, durante el proceso de producción en masa de personas adecuadas.

Todos sus rasgos sumados a su innato odio a las instituciones actuales, lo convertían en el único verdadero bastión de la rebeldía y de pintoresca inteligencia en aquel colegio de monjas donde sus padres lo obligaban a cursar la secundaria.

La vida es tan absurda, pensó, mientras garabateaba en su cuaderno, que oficiaba de diario personal hacía ya un par de meses, una caricatura burlona del repugnante profesor de química al que había pasado mas de una hora escuchando parlotear cosas sobre los átomos de azufre y los enlaces iónicos. Esa clase había tenido tan poco sentido para él como un libro de historia universal lo tiene para un niño de tres años; y ahora, por fin se encontraba libre, sentado en el banco del patio de recreos, encerrado en su rico pero solitario mundo. La tarde era fría pero soleada. La caricatura se perfeccionaba en cada trazo mientras él se sumía cada vez más en sus cavilaciones.

El niño lo miró con aire pensativo, era lógico que le llamara la atención, ya que era un tipo de lo más curioso, con ese porte de fanfarrón venido a menos y esa altanería poco consecuente con su apariencia. Se acercó lentamente, para observarlo mejor, él no se percató de su presencia, y mientras tanto, escribía lentamente junto a la ridiculizada imagen de su profesor. ¿Porque el hombre será tan tonto? ¿Porque lo único claro en este mundo, es esa necesidad absurda de destruirse el uno al otro? ¡Que raza tan absurda, que lo tiene todo para ser feliz pero no se da cuenta!

- Esta sociedad decadente, repleta de hipócritas, es angustiante, triste, es triste perder la fe en el hombre, en mi raza. Imbéciles, todos imbéciles- Susurró lentamente, sin percatarse de su audiencia.

De pronto, la mirada inocente pero vivaz lo sorprendió. No tenía mas de nueve años, la túnica blanca impoluta, cubría un estricto uniforme de pantalón gris, camisa blanca y la reglamentaria corbata azul que exigían las monjas a los estudiantes del colegio. Era bastante bajo, incluso para su edad, y tremendamente delgado. El rostro blanco, y el cabello castaño claro, algo largo y desordenado. La mirada inquisidora llamaba mucho la atención, parecía bastante inteligente, aunque por supuesto, tenía toda la inocencia de un niño de esa edad.

Lo miró por un instante sin decir nada, como si estuviera procesando una gran revelación y luego preguntó:

- ¿Yo también voy a ser así?

Él miró al niño sorprendido, una mezcla de sorpresa con una sensación de estupidez lo invadieron de pronto. Tuvo que reconocerse a sí mismo que nunca se había cuestionado esas cosas. Mientras meditaba y se sentía un idiota, la mirada imperturbable de aquel niño le exigía una respuesta.

- Depende de ti- Le dijo- Y de todos nosotros- Añadió, y tras un guiño lleno de simpática complicidad, se fue caminando.

Esa tarde, volvió a casa más temprano, dio un beso a su madre y tendió la cama. Al día siguiente volvió al colegio pero la campera negra quedó guardada en el ropero.

Sch 80

jueves, 9 de octubre de 2008

Mi gota de lluvia...


Una gota de lluvia cayó del cielo, inoportuna, molesta. Cayó de improviso, sin avisar y mojó mi rostro. Una gota fresca, vivaz, alegre, entró a mi vida sin preguntarme, sin pedir permiso, pero sin pretender nada de mí. Llegó a romper mis tardes de juegos y mis noches de sueños. Cambió mi universo, y mi forma de verlo.
Una gota que va y que viene, que recorre mis días conmigo, y añora mis sueños. Una gota idéntica a mí, que me complementa, que me completa.

Una gota de lluvia, una parte de mi, una hermana.

Sch 80




PD: Me haces falta peque! Abrazooooo de osito.

martes, 7 de octubre de 2008

Octubre


Me han dicho muchas veces lo difícil que es vivir, me han hablado de tormentas y de amaneceres, de mañanas soleadas y tardes grises y amargas.
Me han contado historias y sueños, alegrías y penas, tiempos de paz y de guerras. Me he visto con sorpresa siendo parte de vidas ajenas, y he encontrado antiguos extraños compartiendo la mía.

Me han perseguido mil fantasmas, y he vencido a los que he podido, a los demás, les doy la espalda. He sentido en el pecho el frío de quien teme, y el calor de quien ama.
He visto tantas cosas, y tan pocas, y me he tropezado tantas veces, y sentido su mano tendida para ponerme de pié.
Recorro un camino extraño, recto y sinuoso y lleno de espinas, bañado por el sol y apagado por sombras. He permanecido inmóvil en él, latente, inquieto, y los he visto llorar, gritar y reír. He corrido con todas mis fuerzas, me he cansado. He perdido el rumbo, y me he encontrado a mi mismo, viendo en mi interior, buscando las cosas que no he podido encontrar.

Me han atrapado mis miedos, y mis alegrías, flotando entre nubes y brisas de tierras lejanas. He pensado en ella, y he olvidado, y vuelto a empezar, la he conocido muchas veces, cientos, la he extrañado.
He respirado el aire suave y agradable de octubre, mi octubre, he sentido caricias y golpes.
Me han dicho mil veces como vivir, y me han dicho que viva. Me han abrazado con tantas fuerzas, y me han sorprendido.
He roto el silencio una y mil y un millón de veces, y he callado. He sentido frío, miedo y paz. Una paz profunda e inmensa de quien sabe lo que quiere, y lucha por alcanzarlo. He llorado.

He visto tan poco de la vida, y aún así, no deja de asombrarme. Muero de asombro en sus ojos, que son como dos profundos océanos negros y apacibles.



Sch 80.

viernes, 18 de julio de 2008

Cuando un hermano se va.....


Hay ciertas personas en la vida que nos marcan, que determinan parte de nuestra propia forma de ser, y que dejan recuerdos imborrables. Esos que se animan a cruzar su vida con la tuya, que te conocen, que te quieren. Esa gente, que conoce de tu vida, y que confía en vos, y en que vos confías ciegamente. Es difícil olvidar a quien un día tendió su mano para animarte, quien compartió tardes de charlas interminables, risas y tristezas.

En contra de todo lo que algunos piensan, existen personas dispuestas a sacrificar cosas por ayudar a otros, personas que saben que el significado de escuchar, dar un empujón y ayudar a seguir andando. Existe gente dispuesta a dedicarte uno y mil minutos que no tiene, y hacerte y hacerse parte de la vida.

Hablamos de cierta clase de persona, que no abunda, pero existe. Cada vez que uno conoce a alguien así, le llama amigo. A mi juicio, eso queda chico, y prefiero llamarlos hermanos.

Para mí, un hermano es ese tipo que te acompaña, ese que sabes que siempre está, ese tipo noble, que al momento de conocerlo sabes de que madera fue hecho. Es esa clase de persona que sinceramente se alegra por vos, cuando algo sale bien, y esta alerta cuando algo sale mal, y te tiende la mano.

Un hermano es un regalo de la vida, es un referente en el camino que transitamos cada día, una parte de uno mismo.

Cuando un hermano se va, quedan en nosotros la alegría de haber recibido ese regalo, los momentos compartidos, las tristezas y las alegrías. Quedan los recuerdos de los güisquis a la noche, los asados, las idas a almorzar y las salidas a pescar. Queda la cotidianidad compartida, y quedan los silencios.

Hoy, en que un hermano inicia un nuevo camino, se siente una mezcla extraña de tristeza y de alegría que no se describe con palabras. La tristeza de perder esa llamada, el “¿Qué hacés?, la cerveza a la tarde y las charlas del futuro. La alegría de saber que una gran persona, corre tras sus sueños, sin mirar atrás y en busca de su felicidad. La alegría de saber que las huellas del tramo de camino recorrido seguirán marcadas en la tierra, y que queda la esperanza de volver a compartir algún otro sendero.

Es difícil ver partir a las personas que queremos, mas peor es no verlos avanzar, ni seguir su corazón.

Siempre he dicho que al a gente buena le pasan cosas buenas, y a la gente muy buena, le pasan cosas excelentes…a vos, querido hermano, sé que me vas a entender, ¡Keep walking¡

Sch 80.

domingo, 18 de mayo de 2008

Mi rincón en el mundo


A veces, necesitas pensar. Simplemente darte cuenta, y detener por un instante la carrera, observar el interior, y re pensar tu vida. A veces, necesitas encontrarte, buscar esas respuestas ocultas dentro de ti y que tan difíciles resultan descubrir.
Ver, en el fondo de tu alma, esos sentimientos nuevos, esas frágiles esperanzas, parar de huir, y dar la cara a tus temores, y afrontarlos. A veces, necesitas calma, y buscas soledad. Necesitas explorar tus deseos, tus emociones, tus fracasos. Buscar la razón de tu ser, de tu vida. A veces, te planteas tu pasado, y tu presente, y proyectas tu futuro. A veces con amor, buscas en el fondo de tu corazón, el porque de tantos sin sabores, de tantas casualidades.

He buscado mucho tiempo la razón de la vida, aquello que me mueve, y me motiva. Me he hecho mil y un estúpidas preguntas sobre el mundo, las personas, la realidad que me rodea. He amado, y he odiado, he sentido culpa, frío, miedo, angustia. He reído, y he llorado. He tomado de la mano a alguien, sintiendo no querer estar en ningún otro lugar.

Me he hallado a mi mismo bajo el sol, protegido por la tenue sombra de las hojas, sentado bajo un árbol cuyo tronco sirve de refugio a mis pensamientos. He querido ser yo, una y mil y un millón de veces, y he pensado como. Me he enfurecido con el mundo, y la estupidez de los hombres, la ambición, y su ceguera permanente. He perdido la esperanza, la fe en las personas y en las cosas, y la he recuperado tras instantes de desilusión.

A veces necesitas enojarte, y gritar, alto y fuerte, hasta quedarte sin aliento, para liberar la rabia contenida al ver el mundo, girar, y girar, siempre para el mismo lado.
A veces, solo tienes ganas de llorar, de llorar tranquilo, en paz, y sin consuelo.
A veces ríes, ríes con todas tus fuerzas, y amas, y quieres, y cuidas. A veces recuerdas, traes a la memoria los momentos, las personas, los abrazos. A veces te refugias en su sombra protectora, para tomar un respiro y seguir viviendo.

He pensado que la vida es una historia, un libro con sus páginas en blanco, y que es tarea nuestra, escribir, vivir. He pensado en lo terrible que es dejar las hojas blancas, sin la mancha del sudor, sin las huellas de mis manos, sin la marca de mis puños. He pensado en la tristeza de esos, que pasan sin dejar ni una palabra, ni un bosquejo de sus mentes, grabados, en el libro de la vida.

A veces te asustas, y no encuentras consuelo, a veces te espantas de la vida y sus miserias. A veces sientes esa felicidad indescriptible de quien quiere, y de quien ve y siente que esta vivo, y necesitas apropiarte de esos momentos preciosos que te regala la vida. A veces la alegría es tan enorme que inunda el alma y empapa tus sentidos. Cada tanto, sientes que el mundo es un mejor lugar, cada tanto haces que las cosas cambien, que el mundo gire a la inversa por instantes, y que todo se ve mejor por la mañana.

Me he refugiado tantas veces bajo la sombra de aquel árbol, mientras el sol de primavera, caprichoso y testarudo, se cuela entre sus ramas. Con el canto de los pájaros en primavera, y el aroma seco del otoño. Con el frío que corta la piel en el invierno, y el sopor insoportable pero cálido del verano. Siempre, mi lugar para pensar en la existencia.

A veces piensas que todo está ganado, y otras veces, que todo está perdido. A veces los pensamientos se entreveran, la razón y el corazón, se mezclan y confunden el camino. A veces, abrumado por el peso del mundo, otras veces, confundida en la locura del amor. A veces, cuando la luz de la luna ilumina tus ojos, te das cuenta de que quieres, de que vives, de que existes, de la alegría de estar viva. Y de todo lo que hay, ahí, afuera, esperando que lo tomes. ¡Y de cuanto te queremos!

He luchado y he perdido, pero también ganado. He dejado gente atrás, y ganado gente nueva. He amado con toda mi alma, y he sufrido con todos mis sentidos al perderla. He Y he pensado en mi lugar, aquel, donde descubrí lo necesario, bajo la suave sombra protectora de sus hojas, en mi amado y simple rincón en el mundo.