jueves, 17 de abril de 2008

Instantes


Adoro esas mañanas limpias y frías del invierno, la brisa suave en el rostro y las manos congeladas.
Me encantan los domingos con mi hermana, las caminatas en la rambla y las calles de esa ciudad que es mía. Adoro la luna llena y el sol, y sus rayos cálidos sobre la piel. Amo el mes de octubre, y esos primeros días de primavera, con sus frutillas, rojas y jugosas y las noches de verano, serenas y apacibles.
Perderme por las calles, caminar sin brújula ni estrellas, y encontrarme nuevamente. Amo la luz de sus ojos, el brillo de su rostro y el aroma a café recién hecho en las mañanas. Adoro los recuerdos vivos de mi perra de la infancia, negra y adorable, mi mejor amiga que ya no me acompaña.
Me encanta llevar la contraria, y perderme en mi mundo, que es mío, porque solo yo, puedo descubrirlo cada día.

Me gustan las palabras al oído, y los susurros; la mano en el hombro, que me detiene firme y decidida cuando siento que flaqueo. Los abrazos de mis grandes amigos, los consejos de mi padre y la mirada de la gente que me quiere.
Me gusta reír, y rezongar, y andar de un lado para el otro como un loco, porque me hace sentir que vivo y que siento y que el mundo que percibo está ahí y existe.
Me gusta discutir cuando no tengo razón, y reconocer que me equivoco, pues me muestra que no soy ni seré perfecto.
Amo el sonido de la lluvia en las noches de verano, el olor a tierra mojada y el canto de los pájaros al salir el sol. Me fascinan los pelones, el silencio del campo y los fines de semana. Me fascina su sonrisa, y jugar a la escondida.
Adoro el vaso medio lleno, el sonido de las copas y los brindis entre amigos. Las charlas eternas, las idas a pescar y descubrir todos los días que la amistad existe y no es mentira.

Me encanta recordar, y descubrir como la vida cambia y como la vida sigue, y que las cosas que tememos son triviales.
Adoro las cosas sencillas, que uno no valora porque es tonto, y de golpe, la misma realidad lo lleva a descubrirlas. Amo las casas viejas y grandes, llenas de polvo y de recuerdos, porque están llenas de misterio y desafíos.
No saben como adoro ser un caminante de la vida, y andar por ahí, descubriendo a cada paso las sorpresas que me entrega poco a poco.

Y amo esos momentos fugases, esas imágenes furtivas que se cruzan cada tanto, cuando estoy entre los míos, abriéndome los ojos y alertándome que soy realmente feliz.

viernes, 11 de abril de 2008

Conciencia


-¿Eres tú?- Le preguntó, mientras se miraba en el espejo.

-¿Crees que tienes derecho a preguntarme eso? -Respondió.

-Te hice una pregunta, necesito saber la verdad. ¿Es posible que seas tú? Ya nada es real para mí, los sueños y mis miedos se mezclan, se confunden.

-¿Y que pretendes que te diga?

-La verdad, solo dime la verdad. Estoy aturdido, todo esto es demasiado para mí. Siento ganas de perderme entre las estrellas, y no las alcanzo. Tengo todo eso que no tuve, y no lo siento. Te ruego que me ayudes, solo tú conoces mis secretos, me conoces. No hay nadie mas para mí. Me desvanezco, me destruyo paso a paso, segundo a segundo, en una vida inútil. ¡Ayudame!

-No hay nada que pueda hacer. Lo siento. Muchas veces he tratado de advertirte. Te mostrado tus errores, y te he mostrado la luz en el camino oscuro. Y me has ignorado. Y ahora, después de todo este tiempo, con todos los errores repetidos, vuelves a mí, suplicando que te ayude. ¿Es que me crees una estúpida? Me has olvidado, me has maltratado, has dejado que me pudra, y no te importó. Nada de lo que digas me hará quererte. Has mentido, a mí y a otros, los has herido, estafado, te lo advertí. Te advertí mil veces que te estabas perdiendo, pero no me escuchaste, me sacaste de tu vida. Realmente no creí que volvieras a llamarme, en eso sí, y por primera vez desde que nos conocemos, me has sorprendido.

-He sido un idiota, lo sé. Un imbécil sin perdón. Pero ya no se que hacer, siento que mi vida se me escapa, y no haces nada. ¡Estás ahí! ¡Maldita! ¡Tienes que ayudarme! ¿Donde estás? ¿Porque me dejaste? Jamás te dije que te fueras. ¡Estás mintiendo!


Sin darse cuenta, estallo en lágrimas, hasta que un frío silencio los abrazó por varios segundos, hasta que él, invadido por la desesperación de perder su único lazo con el mundo, golpeó el espejo con todas sus fuerzas. Puñetazo tras puñetazo, hasta hacerlo añicos.


De rodillas, frente a los trozos destruídos, vió los reflejos desfigurados de su rostro, y una vez mas le preguntó:


-¿Vas a dejarme?

-Ahí tienes tu respuesta-Dijo ella afectuosamente- Sí, soy yo. Y no, no voy a dejarte. Soy parte de tí, no puedo irme, aunque lo quieras. Recoje los trozos, y construye nuevamente el espejo.

domingo, 30 de marzo de 2008

Amigo no es aquel


“Amigo no es aquel que te regala una rosa, sino el que te ayuda a sacarte las espinas”.
Si, si, si. Ya lo sé, van a decirme que ésta es una mas de esas estúpidas y vacías frases hechas, digna de estar escrita en alguna página perdida del cuaderno de matemáticas de una romántica liceal. Un versito aprendido que pulula por ahí, en la boca de los tontos, que repiten idioteces sin pensar en lo que dicen.
Pues sí, es posible que así sea, no obstante lo cual, no deja de contener un interesante sentimiento, una de esas verdades tan simples y evidentes como nuestras propias narices.

Era un tipo más bien delgado, de tez blanca, blanquísima, pelo oscuro y ojos sinceros. Se le notaba que era inteligente, demasiado quizás para aquellos lugares, y sin dudas era muy aplicado. Simpático por naturaleza, y bastante mas exitoso con las mujeres que yo en aquella época.

Lo conocí al inicio de mi vida liceal, durante mis jóvenes doce años. En muchísimos aspectos, éramos una antítesis el uno del otro. Vivíamos en una eterna, divertida y curiosamente estúpida competencia. Y como nos odiábamos.

Nunca supe bien porque, pero me resultaba un tipo de lo mas desagradable. Desde sus estúpidos comentarios, esa simpatía e inocencia de la que yo carecía, la forma en que podía mantener extensas charlas con aquella morocha que me encantaba, y hasta los sobresalientes exámenes que solía hacer.

Fueron años duros para los dos, no soy una persona débil, y tampoco lo era en ese entonces, pero en muchas ocasiones era difícil encontrar el camino. Sin dudas la adolescencia no es una etapa sencilla, donde se forja el temple y el carácter de los hombres, y, donde uno puede perderse en las multitudes. Fue así que todo se desarrolló, y, año tras año, la competencia era mas dura, y año tras año el tipo me caía peor. Implícitamente ambos nos detestábamos, y hacíamos lo imposible por molestarnos, sin pensar mucho en las consecuencias.

Reconozco que no soy un tipo sencillo, todo lo contrario, a veces me resulto insufrible a mí mismo. Mis ácidos comentarios, mi negro sentido del humo, y mi carácter distante e introvertido no me hacen un tipo del todo llevadero, pero, como siempre digo, tengo un excelente escudo contra estúpidos, y solo aquellos que realmente valen la pena, tienen paciencia suficiente para ver detrás de la coraza. Para mi sorpresa, mi odiado enemigo de las épocas liceales se tomó ese trabajo.

Como todo en este mundo tiene un fin, los cuatro años de liceo terminaron, y una vez finalizado el ciclo básico, y como era muy común en los liceos de barrio, tuvimos que buscar un colegio más grande donde poder terminar los dos años finales de bachillerato, previos al ingreso a la universidad.
Realmente y aunque parezca imbécil, fue una decisión que costó muchísimo trabajo, dado que nada me convencía, y en esas épocas no era un tipo tan seguro. Y claro, salido de aquel liceo que me había amparado tantos años, me sentía desorientado.
Tras apaciguar mis aires de rebeldía adolescente, pretendiendo asistir a instituciones públicas de bajo nivel educativo, terminé inscribiéndome en un colegio cercano a casa, que contaba con bachillerato completo.

Maldita mi suerte pensé, aquel ocho de marzo de mil novecientos noventa y nueve, cuando entre al salón de clases con mi nuevo uniforme de pantalón gris y camisa blanca, y vi a mi odioso ex compañero de clase ahí sentado en primera fila, como desafiándome nuevamente a seguir nuestra estúpida competencia.

¿Pero que diablos tenía en la cabeza el día que acepte venir a este colegio? ¿En que estupidez estaba pensando cuando dije que sí? Lo único que me falta es tener que soportar a este imbécil otros dos años, viéndolo sonreír como un idiota, sacando mejores notas que yo, y logrando la atención de cada pollera que logra interesarme. ¿Será posible que la suerte me haya abandonado por completo?
El maldito idiota debe haber pensado exactamente lo mismo, pues su cara de sorpresa sin lugar a dudas fue mucho mas elocuente que la mía.

Sin embargo, y pese a todos mis prejuicios, ese no fue un mal año, hice muchos amigos y reconstruí algunos lazos sociales de esos que había perdido en el otro colegio. Esa persona tan querida para mí, mi escalera al cielo, se alejó por completo ese año, pero vinieron nuevas personas a mi vida. En ese año aprendí a tolerar, y a ser tolerado, a ver mas allá de las apariencias, y a contener el aliento frente a esos instantes fugaces y hermosos que tiene la vida. Aprendí a confiar en las personas, y a desilusionarme de ellas, pero ante todo, nunca dejar que la desilusión me gane, y que destruya mí fe en la bondad de la gente.

Y ante todo, aprendí a ignorar a mi antiguo rival y no caer en la estúpida idea de odiarlo de nuevo. Fue simplemente eso. Durante todo ese año, no hicimos más que ignorarnos. Desconozco si con eso, el torpe se sintió desilusionado, o simplemente entendió que me importaban un rábano nuestras diferencias, y que más bien estaba harto de pelear por que todo el mundo así lo esperaba. Creo que ese año, ambos entendimos que lo único que buscábamos, al igual que cada ser humano en esta tierra, era ser felices, y cada uno a su manera, ese año, se encontró consigo mismo.

Esto, sin embargo, no fue lo más asombroso de esas épocas. Pasado el verano, y otra vez empezando las clases de nuestro último año como liceales, me encontré solo una vez más. Todos mis amigos del año anterior, habían decidido dejar el bachillerato, o cambiarse a otros liceos, dado que las orientaciones que habían elegido no se dictaban allí. Que mala suerte la mía, me iba a pasar un año entero, aburrido como un hongo, sin mis amigos, antes de poder empezar la universidad.

Una de esas mañanas de abril, cuando el frío del otoño ya empieza a sentirse, terco de mí, había decidido quedarme en el salón durante el recreo de media mañana, dado que no quería enfriarme, ni tener que vagar solo por el patio durante los treinta aburridos minutos del descanso. Es posible que en otra oportunidad el universo hubiera llegado a su fin frente a algo tan físicamente imposible como que el hasta entonces considerado imbécil de mi antiguo compañero de liceo, se acercara a mí con el alfajor que le preparaba su abuela para la merienda en la mano, y me invitara a salir al patio a jugar al ping pong. Es posible repito, que en otras circunstancias, hubiera aplicado uno de mis mas ácidos e ingeniosos insultos –créanme que soy excelente en ese sentido- para mandarlo a pasear por ahí. No obstante y contra toda predicción astrológica, acepte.

Y ahora, mi querido hermano del alma, después de ocho años de amistad ininterrumpida, te agradezco por estar siempre ahí, en guarida, listo para ayudarme a sacar las espinas.

Sch 80.

martes, 25 de marzo de 2008

Vientos que soplan

Tiempos de cambio, de pérdidas, y de recompensas. Tiempos en que uno mira atrás, y mira sus pies y elije su futuro.
Cambios que duelen, que asustan y que abren los ojos, y, el corazón.

En esos tiempos se encontró, el día que una lágrima de miedo y culpa surco su rostro.
Vivió su vida tratando de recuperar las cosas que no tuvo, y tratando de vivir lo que no vivió. Amó y odió, y dejó a mucha gente y muchos miedos atrás. Pero otros, lo persiguieron y atormentaron hasta ese día.

Vio su presente, vio quien era, repasó su pasado y su historia, y sintió ese golpe de cruel y fría realidad en su rostro. Vio lentamente en lo que se había convertido y las cosas no vividas por tratar de vivir las tampoco vividas.
Vio cada día desperdiciado tratando de recuperar aquel ayer perdido.

Vio los rostros de esa gente que lo quería, y que daba todo por él, vio sus mentiras, y las tardes de tristeza y los segundos de su vida.

Sintió que su alma helada lo dejaba solo, ahí, entre las nubes y la soledad que tanto lo asustaba, y se sintió morir en su miedo.
Sintió que todos los errores que había cometido en su vida se condensaron en esa noche, y se hicieron uno, uno tan grande y cruel que lo hacía llorar de miedo y de vergüenza, y esa lagrima fría que no paraba de sangrar.

Entendió esa noche, que la búsqueda de su felicidad, pudo hipotecar la de los otros, y el dolor invadió su endurecido corazón. Y esos ojos imaginados que nunca conoció, y esas palabras de amor que no ha escuchado aún, las caricias que no pudo conseguir y el fin de su vida.

Se sintió perdido, sintió su timón quebrarse, y comprendió, súbita e inexplicablemente. Las imágenes acariciaron su rostro, y el repentino calor de entender cuan importante era su vida, y la de los otros, y cuan absurdo era buscar lo ya perdido, y no ver lo conseguido.

Vida doblemente desaprovechada, por haber perdido tantos años, y haber perdido tantos otros tratando de recuperarlos.

Recordó esa frase de su gran amiga, que siempre hacía eco en su mente, “a la gente buena le pasan cosas buenas”. ¿Era él acaso gente buena? No, a esas alturas no estaba seguro. Pero si sabía, que a partir de ese día, no viviría mas el presente pensando en su pasado, si no en su futuro, y en hacer que aquellos que inexplicablemente le querían, tuviesen razones para hacerlo.

Sch 80.

El cambio asusta más de lo que uno puede llegar a pensar, pero anima y enseña.
No le teman a esa lagrima fría, enfréntenla.

domingo, 3 de febrero de 2008

Dos mas dos, no siempre debería dar cuatro.



Era una clase tan aburrida, el tipo pasaba las cuatro horas repitiendo en un perfecto, culto y monótono español, toda la perorata de cosas que tenia grabadas en la cabeza desde el siglo pasado cuando el había estudiado.

“Dos mas dos da cuatro, la suma de los ángulos de cualquier triángulo siempre debe sumar ciento ochenta grados, y la suma de los cuadrados de los catetos siempre es igual al cuadrado de la hipotenusa.
La entropía del universo va en aumento, y el calor fluye de las zonas de mayor a menor temperatura.

Señores, si se aplica un fuerza sobre un cuerpo en reposo, éste acelerara en un valor igual al cociente entre dicha fuerza y la masa del objeto. Si deja de aplicarse dicha fuerza, el cuerpo seguirá en movimiento a una velocidad igual a u velocidad instantánea al momento en que la fuerza dejó de aplicarse.
Finalmente, todos saben que una carga eléctrica genera un campo que tiende a atraer o rechazar otras cargas, dependiendo de su signo, con una fuerza proporcional al producto de sus cargas e inversamente proporcional al cuadrado de sus distancias. También les resultará curioso que un fenómeno similar se produce entre dos masas.”

Si por alguna de esas razones indescifrables de la vida, alguno de ustedes ha estudiado física, entenderá de qué estoy hablando, si no, no se pierden de nada.
Es que a veces me resulta frustrante ver como existen millones de teorías fabulosas que tratan de explicar el mundo que nos rodea, y que demuestran la genialidad de la mente humana. Como hemos podido meter en complicadas formulas matemáticas lo que pasa en el universo, explicando como hace un pájaro para volar, porque la luna gira alrededor de la tierra en vez de darse de bruces contra ella, y que pasa en el cielo cuando cae un relámpago.

A veces me dan esas cosas raras, esas que me dan a veces, y se me ocurre por leer algún libro de historia, de esos para principiantes que te cuentan todo como si fueras estúpido y en tu vida hubieses sentido hablar de los romanos, la revolución francesa y Catalina la Grande. Pensándolo bien, si me diera por leer alguno un poco más complicado, probablemente lo dejaría a las dos páginas, pero tampoco me hace gracia que lo traten a uno como idiota. Pero bueno, como les iba diciendo, a veces me da por leer esas cosas, y me resulta impresionante ver como hemos evolucionado, al decir hemos, me refiero a la raza humana. Hace unos milenios comíamos las cosas crudas, cazábamos y pescábamos para alimentarnos, y ni hablar de radio, televisión, aviones, autos, cines y centros comerciales. Un mono de hoy en día era mas civilizado que nosotros, y no teníamos idea de cómo funcionaba el mundo, no sabíamos matemática ni física ni química, y mucho menos leer y escribir. ¡Éramos un desastre!
Después, descubrimos el fuego, a plantar cosas, y claro, a pelearnos entre nosotros. Así surgió la civilización, los imperios, la ambición y las guerras. Inventamos la rueda, domesticamos caballos y perros, y unos tipos que eran excelentes constructores de pirámides, aprendieron a contar cosas con dibujitos, y se inventó la escritura, mientras que otros que vivían en un lugar que ahora le decimos mesopotamia, aprendieron a escribir también.
Unos benditos fenicios inventaron el comercio, y se popularizó el uso de la moneda.
Entre tanto, Pitágoras y esa gente que andaba por ahí vestida en túnicas inventaron la matemática y la geometría, (en realidad creo que por otro lado otros ya la habían inventado, pero bueno, eso no lo decía mi libro).
Y así fue, de golpe, descubrimos la pólvora, los barcos y mientras a varios los metieron presos por decir que la tierra giraba alrededor del sol todos los demás idiotas seguían peleando y pasábamos hambre y miseria.
Cuando al final nos dimos cuenta que era cierto que la tierra giraba alrededor del sol, un tipo muy raro que se llamaba Isaac, y que según dicen era muy inteligente, se empezó a preguntar porque le cayo una manzana en la cabeza, e inventó un sistema complicadísimo de fórmulas basadas en una matemática rara que también tuvo que inventar, para explicar como y porque se mueven las cosas. Otros empezaron a interesarse por el calor, el fuego, la construcción, la astronomía, y de golpe, otro loco más descubrió como hacer para meter los relámpagos adentro de una ombita y hacer luz. (Un par de tipos unos años antes, creo que uno se llamaba Faraday y de los otros no me acuerdo, hicieron unas formulitas que explicaban como funcionaba todo eso de la electricidad, aunque no cualquier imbécil podía entenderlos).
De mientras, otro había construido un aparato rarísimo con el que movía cosas solo usando vapor. ¡¿Se imaginan?!
En fin, que una vez que estos tipos inventaron todas estas cosas raras, todo el mundo pensó que se iban a acabar los problemas, que no iba a haber mas hambre ni mas miseria, que íbamos a tener que trabajar menos y vivir mejor; pues es que me olvidé de contarles que entre todo esto, nos habíamos vuelto unos locos, habían unos pocos que tenían dinero, y se dedicaban a explotar a los demás pagándoles muy poco, si les pagaban, pues también habían esclavos, y esos sí que la pasaban mal. Ni hablar que nos seguíamos peleando entre nosotros por tierras, dinero y poder, y dos por tres había una guerra y en el medio alguna enfermedad que mataba a la mitad de la gente del planeta.
Y en fin, pasaron unos siglos más, e inventamos las computadoras, los viajes a la luna, los autos, los aviones y los shopings, pero como ven, todo sigue igual.
Todavía hay estúpidos que mandan a sus hijos a pelear al medio del desierto por un líquido negro que vale mucha plata, y para que sufran y mueran. Y todavía hay gente en el mundo que pasa hambre y miseria, y siguen habiendo enfermedades tremendas que le roban la vida a miles de personas todos los años. Y ninguna ecuación, ni ley de la física, ni principio de la química ha logrado explicar aún porque el ser humano es tan atrozmente estúpido, que ni con la mas prodigiosa de las inteligencias logra ver mas allá de sus narices, y sigue sufriendo y haciendo sufrir.

Y mientras yo pensaba en mis estúpidos congéneres, el maldito profesor seguía ahí, impávido dando su clase magistral.

“Y las ecuaciones de Maxwell son relaciones matemáticas que vinculan una magnitud con……”

jueves, 24 de enero de 2008

Mil palabras en silencio


Fueron tiempos de paz, tiempos de alegrías dulces y sonidos lejanos.
Épocas en que todo se decía en silencio, donde las palabras nunca fueron necesarias y los ecos de los pasos y el roce de las manos lo decían todo.
Olvidaron quienes eran, donde estaban y hacia dónde iban. Olvidaron el mundo y las voces torpes que ensuciaban sus miradas y sus sentimientos.
Fueron tiempos felices, de esperanzas reales y sueños cumplidos. Días eternos de sol dorado y sonrisas enormes que alegraban el alma.

La brisa del mar los acompañó esa noche, mientras confesaban sus vidas una vez más, y perdían las horas en pasos eternos hacia algún lugar que solo ellos conocían.
El silencio fue cómplice de todas sus risas y todos sus roces, y de cada mirada inocente a esos ojos profundos como el océano más inmenso. La noche era cálida, y fue eterna y hermosa, y quedó grabada en sus mentes, y en su alma.
Y en cada paso hacia ningún lugar, solo eran ellos, riendo, a un lado del mar.
En aquellas horas, las mas felices de su vida, mientras la veía bailar, reír y saltar, nada mas le importaba. Ni el pasado, ni el futuro tenían nada reservado, mas el presente era todo suyo. Fue en esa perfecta noche de verano, cuando toda la red de confusos sentimientos que los rodeaban cobró sentido. Su cálida sonrisa le reconfortaba, y por primera vez en toda su vida, dejo que su corazón le dijera que hacer, y en cada roce, cada mirada y cada susurro al oído sintió que era toda suya. Ella le dedicó sus sueños, y cada ir y venir de sus ojos, esperando palabras que el no sabía decir.

Mas las horas eternas de aquella noche de verano se extinguieron, y el sol de un nuevo día los encontró sentados en la arena, iluminando sus rostros empapados en sueños. Día más día, mes tras mes, aprendieron mucho el uno del otro, de sus miedos, de sus fortalezas, de cada trozo de anhelo escondido en sus corazones, y crecieron juntos, sin palabras.

Y fue en ese verano, que sigue ahí, intacto como el más hermoso de sus recuerdos, en que el mundo enmudeció; mientras ellos, solos junto al mar, encontraron sus miradas y se amaron en silencio…


Sch 80.

miércoles, 16 de enero de 2008

Dicen por ahí.


Dicen que uno aprende lecciones a cada paso que da, que la vida y que la calle son escuelas impagables, y que una mirada vale más que mil palabras.
Dicen que un amigo es más valioso que todo el oro del mundo, y que el amor verdadero tarda pero a la larga llega.
Que es verdaderamente difícil ser feliz, pero que es posible, y que Dios aprieta, pero no ahorca.

Dicen que la gente es mala, que el mundo se va al diablo, y que hay segundos que son eternos y vidas que pasan mas rápido que un segundo.
Dicen que la tierra es redonda, y que el sol brilla todos los días. Que el fuego quema y el agua moja y que todo en lo que creemos es cierto. Que el perro es el mejor amigo del hombre, y que las mujeres no son de fiar.
Que la muerte le llega a todos, y que el destino existe, dicen que no se puede pasar la vida riendo, ni que hay mal que dure cien años.
Que los sueños se cumplen simplemente si deseamos con suficiente fuerza.

Dicen que Einstein tenía razón y que Nietzsche estaba loco y que la gente que piensa igual que nosotros siempre tiene razón.
Que los políticos son todos corruptos, y que tengo que estudiar si quiero ser alguien en la vida. Que hay que trabajar duro todos los días, y que hay que luchar por tener éxito, cueste lo que cueste.

He oído que dicen que el Infierno existe, que la noche es oscura y fría y que el invierno no es agradable en ningún lado. Que el cuadrado de la hipotenusa es igual a la suma de los cuadrados de los catetos, y que dos más dos da cuatro acá y en la china.

También dicen que hay que casarse, tener hijos, y nietos y una casa y un perro. Que muchos tienen poco y pocos tienen mucho, y que la guerra es un mal necesario.
Que el odio es terrible, y que hay gente que odia mucho, que las lágrimas duelen, y que existe la tristeza, la soledad y el miedo.
Y que las flores en primavera nos llenan en el alma, y que el amor también existe, y la felicidad, y las ganas de vivir con todo el cuerpo y el alma y que ser bueno depende de uno mismo.

Que nos equivocamos mucho, que tenemos miedo, que somos débiles y que somos fuertes, y que la valentía es cosa de valientes o de estúpidos.
He oído decir mil y un estupideces diferentes acerca del mundo, de la vida, de la felicidad, del amor y de la muerte.
Dicen que el mundo es un buen lugar para vivir, que la torre de Pisa está inclinada y que la sonrisa de una mujer es lo más hermoso que un hombre puede ver.

Dicen que las vacas no pueden volar, y que los cocodrilos lloran pero que no hay que creerles. Dicen que la tierra gira y gira, sin parar, marcando el inexorable rumbo de nuestras vidas, pero que somos amos y señores de nuestro futuro.

También dicen que uno escucha muchas cosas en la vida, pero que nosotros mismos debemos decidir cuales son verdad, y cuales no. Y también dicen muchas estupideces.

Schedule 80


(No importa lo que se diga por ahí, si no lo que realmente pensamos, aunque todos crean que estamos locos….sino, miren a su alrededor¡¡¡)